lunes, 19 de abril de 2010

RAPA NUI: Entre aburridos y calientes, pero amables

lunes, 19 de abril de 2010

Me encuentro en la pizzería La Esquina, justo enfrente de la parroquia del centro, lugar donde además tienes que llegar en caso de un tsunami. Es domingo, son las 4 y media de la tarde, y ahí están algunos turistas sentados comiéndose una vegetariana, un par de lugareños compartiendo una napolitana, y yo, en el mesón interior (no quedan mesas) zampándome una individual con fondos de alcachofa, mucho ajo, rúcula y un queso más bien desabrido.

Lo más expresivo de esta escena, sin lugar a dudas, son cinco perros de distinto tamaño, pelaje y color, que se sientan en sus cuartos traseros a esperar algún bocadillo. Son encantadores, amistosos. Mueven la cola y agradecen las caricias tanto como los sobrantes.

Enfrente de mí, un chico de unos 30 años está con codos encima y con la vista perdida. El cocinero había echado mi pizza al horno y su turno se acaba. La mujer que está con él tras el mostrador le dice que se vaya, que ya está, que ella se hace cargo. Ella, de lindo tostado, aunque con el pelo teñido, le habla al que está a mi lado, echado, cansado. Lo hace en castellano:

“¿Tú estás listo ya?”

“Hace rato”, responde desganado, “justo mi día libre hoy… no sé qué hacer en mis días libres”

“Ayúdame”, dice ella con naturalidad, “los franceses de afuera no tienen servicio ni servilletas”

El tipo se resigna y hasta se entusiasma:

“Ok, ahí voy”, y se levanta.

La mujer me mira y me pregunta:

“¿Está buena?”

“Maravillosa”, le digo sin mentir. Tenía un hambre de caballo y la masa es delgada y crujiente como debe ser. Me permito no comentar lo del queso desabrido.

Ella sonríe, pero luego se abstrae en las tareas de la cocina. El cocinero que había salido del turno pide un taxi por teléfono y llega a los 40 segundos. Se marcha. Los perros lo siguen y le ladran felices.

Pago y salgo. Casi no hay negocios abiertos y no anda gente en las calles. Debe ser la lluvia. Hasta hace un rato se había dejado caer un aguacero de acabo de mundo, esos que sumergen Santiago en la tragedia. Acá el agua circula nada más y más de alguien camina con ropas livianas bajo el chaparrón.

De hecho, el fútbol de los domingos, que se juega en la cancha principal del centro de la ciudad, enfrente a la caleta de pescadores, no se suspende. Ahí están, naranjas y rojos disputando un partido que es un barrial. La pelota anda muy loba y los que sufren más son los defensas. Un par de horas antes, justo en la entrada del colegio donde se hace el Rapa Nui Film Festival, me encuentro con un lugareño que lleva la polera de la selección de fútbol local:

“¿Eres de la selección?”. Creo que lo único que quiero verificar es si los pascuenses son lo hoscos que sostiene el estereotipo.

“Sí, delantero”, me dice. Sus rasgos son bellos. Tiene la piel muy tostada, no es tan alto, pero su estado físico es envidiable. “Igual fuimos la vergüenza con el Colo la otra vez. Pero pudo ser peor. Además, qué tanto Colo Colo… son ahí no más”.

“¿Hay liga acá y todo?”

“Sí, hay como 20 equipos diferentes, todos de fútbol. Nosotros jugamos ahora en unos minutos. Anda a vernos. ¿Tú juegas?”

“Me entusiasmo y lo hago a veces, pero soy medio queso”, le digo.

Se ríe, reflexiona y me aclara:

“Yo no sé qué haría si no tuviéramos fútbol. Acá en la isla todos los domingos es sagrado. Uno se vuelve medio loco con lo tranquilo. Pero hay lindas oportunidades. Ahora cuatro selecciones se van al campeonato polinésico en Tahiti”.

“¿Cuándo es eso?”

“Fines de junio, principios de julio. Nos va bien. Allá los tontos son malos. Mucho físico, pero nosotros tenemos más técnica, con pelota al piso”.

“El fútbol chileno funciona así”, le digo intencionalmente.

“Claro, ¿de qué te sirve ser un gorila?”

“Oye, pero, ¿has venido al festival de cine?”

“Estaba ahora dentro con mi hija, pero está demasiado caluroso y tuve que salir”.

“¿Estás casado?”.

“No, los pascuenses no nos casamos. Puro amor pasajero no más”.

“¿Cómo es eso?”, le pregunto intrigado.

“Muchos amores… ¿cierto tía?”, le pregunta a una mujer mayor que va pasando por el lugar.

“Pura calentura”, dice la tía y luego agrega algo en la lengua local y se ríe.

“¿Se aburren mucho acá?”

Su vista se distrae con algo a mis espaldas. Me vuelvo. Es una chica del continente, con ropas livianas. Muy mina.

“¿Qué te estaba diciendo?”, me dice.

“Hablabas del amor, de que no se casan y te pregunté si se aburren”.

“No, no se puede casar uno. Yo tengo a mi hija y la amo, pero el matrimonio no es pascuense. Es que las mujeres… las de afuera sobre todo… qué te puedo decir”

Me queda claro que el mito de la calentura es real, pero que se circunscribe más a los hombres locales en relación a las turistas, muchas de las cuales vienen a lo mismo. De hecho, se les recomienda a ellas no circular después de que oscurece. El mito sostiene que pasan a caballo y que se las llevan. Conozco un par de amigas que se vendrían felices.

Nos despedimos e insiste en que los vaya a ver jugar.

Más tarde, mientras veo el fútbol, me percato que no soy el único foráneo entre el magro público, esencialmente compuesto de familias y amigos. Tres tipos que fuman, vestidos mucho más como continentales, hablan de Gustavo Benítez y de su incorporación a Palestino (“Pero la última vez Benitez vino a puro dar la casha al Colo po loco…”). Hacen chistes obvios y se ríen de los locales. Están apartados. Claramente son parte de la mano de obra que viene a trabajar en albañilería en la isla, especialidad que, según me dicen, es escasa, enfrente de las necesidades de construcción turística y de servicios básicos (se construye un hospital estos días).

Otro lugareño, uno que se dio cuenta de que yo venía desde la radio ADN, me dijo que lo peor que le pasaba a la isla estos días era que se había llenado de flaites:

“Usted, amigo, viene a aportar acá. La radio suya es del continente, pero yo la escucho a veces porque no se olvidan de acá, no nos vienen usted a quitar nada, amigo. Pero llegó un grupo como de 300 trabajadores del continente que son muy desagradables. Botan basura, hostigan a la gente cuando andan en grupo curados y nadie les puede decir nada porque sacan cuchillos, amigo”.

“Pero si hay algo muy pascuense, según me dicen, es que acá todo se arregla a combos”, le advierto.

“A combos es diferente. Estos tipos andan en patota”.

Sí, mi comentario es discriminatorio, pero real: el flaite ya llegó a Isla de Pascua.

Finalmente, entonces, identifico dos elementos muy importantes en el trato con los pascuenses. No les molesta eso de que Chile sea el país que está a cargo. Más bien les da lo mismo. Y en segundo lugar, el pascuense te saca la foto cuando llegas y te desafía un poco, te pone a prueba. Es para sacarte el rollo. A qué vienes. Cuánto estarás. Qué le aportas al lugar. Qué le puedes quitar.

Si pasas la prueba, son unos tipos entrañables, con un sentido del humor raro, con una preeminencia masculina que no es machismo, y el ritmo y relajo de una isla con un paisaje imposible.

sábado, 17 de abril de 2010

RAPA NUI FILM FEST: crónica incauta

sábado, 17 de abril de 2010
Cuesta entender que este lugar es Chile, salvo porque se habla castellano, por las placas de los autos, o los letreros que quedan de “Gobierno de Chile” con el logo de la Concertación que no se cambian aún, o la farmacia Cruz Verde que mezcla su logo con un fondo de madera. Además, según entiendo, les debe costar más a los locales, a los llamados pascuenses, pese a que ya prácticamente no existe el linaje puro desde hace bastantes generaciones. Todas las familias de la isla tienen miembros continentales, o extranjeros, o entrometidos.

Celosos y absolutamente conscientes de su particularidad geográfica y humana, los pascuenses, de buenas a primeras (es mi primer día), son hoscos. Yo creo que lo vean a uno bajarse del avión, pálido como un cadáver, les da bronca, sólo porque viene a ser una pequeña invasión más de las miles que han venido con buenas o malas intenciones, en una lista que se incluye de todo: rapto de esclavos, violaciones, explotación forestal de recursos naturales, imposición de gobiernos occidentales, importación de enfermedades terribles y mortales como la lepra (circula ese rumor en la isla, que aún hay gente que tiene lepra) y que venga al final un país de lo más flaite a tomar posición.

En definitiva no todos son pesados, pero se muestran arrogantes y burlescos. Perdidos en un camino de tierra hacia las canteras (sí, nuestro conductor se perdió en una isla pequeña)le preguntamos si, en esa bifurcación que iba más adelante, nos llevaba directamente a la cantera de los moais. La mujer, que cortaba el pasto de un sitio protegido por ley de monumentos (se han vuelto mucho más drásticos con el tema desde hace un par de años por robos y atentados al patrimonio), le pregunta de regreso: “¿Tienes un guía?”. Luego de responderle incauto que no, ella replica: “Consíguete uno y no interrumpas mi trabajo, por supuesto que ese es el camino”. Luego murmulla algo peor seguramente.

Una chica pascuense de edad indefinida, rasgos lindos y piel tostada, que estaba en la entrada del colegio donde se armó la sala de exhibición, y viéndonos la evidente cara de no lugareños que portamos, pregunta: “¿Cuánto llevan acá?
“Sólo 5 horas”, le digo yo.

“Venimos viajando largo”, le dice Martín, un periodista que viene desde el Clarín de Argentina y que está más interesado en la historia de cómo el Rumpy y su mujer, la directora del evento, encantados con la Isla por separado, se conocen después y ahora andan en ésta.

“Qué pésimo”, nos dice la pascuense, sonando intencionalmente desagradable. “Se nota en sus pieles. Les perdono que lleven sólo 5 horas. Pero mañana, a tostarse un poquito. ¿Alguien me da un cigarro?”

Después dira algunos lugares comunes sobre que los continentales nunca cumplen su palabra, y que dicen cosas como espérame un segundo y se pasan horas. Algo cínica sonaba en eso.

El clima de Isla de Pascua es tropical, soleado y húmedo simultáneamente. Está todo verde. Vegetación de arbustos tupidos, de intensas flores rojas. Acá los gomeros crecen tanto como en Cuba, y ahí me doy cuenta de que la comparación, en términos del entorno y de sus habitantes me recuerda precisamente a eso. Isla de Pascua es como estar en un barrio de las afueras de La Habana, como camino a Pinar del Río, con mucho aroma a plantas y flores, callecitas apenas asfaltadas y de piedra sobre callecitas que se meten en tímidas lomitas, y las casas feuchitas con ladrillo de piedra caliza parado y con techo de latón, metidas entre estos árboles que les mencionaba más arriba. Hay espacio entre las viviendas. No hay grandes muros, sólo algunas rejas a la altura del pecho de un chileno de estatura media. El centro tiene ese sabor multinacional de balneario, con algunos restoranes de sushi y letreros en varios idiomas atendidos con música chill.

Los precios son de temer. Una bebida enlatada, dependiendo de dónde se adquiera, cuesta entre 800 y 1500. No comes por menos de 7 lucas, aunque las porciones son abundantes y bien preparadas. Este año somos privilegiados pues el año pasado no había nada de atún y estaba en veda. Ahora hay para regodearse y eso está más conveniente, porque en el continente el atún te lo cobran rudamente.

Bueno, y sí, hay un festival de cine este fin de semana. En la jornada del sábado no ha venido tanta gente, pero probablemente tiene que ver con que los títulos no son tan conocidos.

Pero ahí está la gran multicancha cerrada, con los equipos del Cine Hoyts a la vista y sonando tanto como los parlantes de la banda sonora de lo que se exhibe sobre un paño lisito. El público se aposta en sillas plásticas de bebida gaseosa y el público viene de todas partes. Pese a que hay recomendación sobre los contenidos, los niños entran con sus padres si quieren. Es chistoso ver la reacción de un chico de 9 años frente a una escena lésbica. Su hermana de 11 a lo más le dice: “no mires esta parte, son dos mujeres”.

Hoy habrá ronda de entrevistas con los invitados. Yo pretendo hablar con un cineasta ecuatoriano que exhibe su película hoy, y que ha estado en eso de filmar en la isla. La actriz original falló por lo tanto la directora del festival se ofreció de actriz. Ayer bromeamos con el periodista de Clarín. Que él podía perfectamente presentarse como el hermano de Campanella y presentar esta noche “El Secreto de sus Ojos”. El premio Oscar arruinó la presencia del cineasta de moda en un festival que, de seguir haciéndose, será más que moda en unos años.

jueves, 18 de marzo de 2010

El día que me abrazó Gloria Münchmeyer

jueves, 18 de marzo de 2010
No sé nada de teatro. Con suerte intuía que cada año hay muchas obras en Santiago a Mil. Pero supe más por estar clavado con la conducción del programa de teatro de la ADN en enero pasado: y supe que el teatro chileno tiene mucha historia, estilos, alcances, voces y momentos. Por lo tanto, todos los días de enero, conduje un programa de radio sin tener idea de nada de teatro. Entrevisté a actores, directores y autores. Siempre lo hice desde la cándida ignorancia y el sentido común.

Por la disponibilidad de invitados más al mediodía que a las 17 horas, que era el horario de Santiago a Mil en ADN, generalmente se grababa en un estudio del segundo subterráneo, mucho más incómodo que en nuestro estudio cuando estás en vivo.

Tuve, además sino cómo, un equipo de guionistas de apoyo, que me armaban los pies discursivos y me hacían listas de preguntas para los entrevistados. La magia de la radio, la llamo yo. Además, venía todos los días un crítico de teatro de esos de verdad, curtido y sabido en el asunto, reacio a las preguntas mías, pero que tuvo la paciencia de responder a mis conjeturas algo obvias y plagadas de estereotipos y faltas de precisión. Yo un día le dije que él era una suerte de lazarillo de nuestro programa, pero su rostro se mantuvo inmutable frente al florazo y yo me quedé ahí no más, pareciendo un tonto más que un simpático.

En fin, uno agacha el moño por distintos motivos en la pega, y el programa de teatro de este verano avanzó sin que nos mandáramos grandes cagadas y con más que un par de conversaciones inolvidables (con Ramón Núñez contando acerca de su niñez, Paula González y su proyecto de teatro documental mapuche Ñi Pu Tremen, el Daniel Veronese y sus giras con su hija de dos años, la increíble simpatía de la Mega Bizcocho, Regina Orozco, hablando de su espectáculo de cabaret que desangraba a la vida política mexicana, o Jesusa Rodríguez y Liliana Felipe, colegas y pareja al mismo tiempo).

Pero sin duda, el día más difícil en la corta historia de nuestro programa de teatro fue aquel en que entrevisté, o sobreviví, a la conversación que intenté llevar con dos personas involucradas en la obra Moscas Sobre el Mármol. Venía Gloria Münchmeyer, a quien ya habíamos tenido de invitada en Es Lo Que Hay con Jani y había resultado algo increíble ("Quiero contarles que estoy embarazada", o también, "el spot de Mediomundo donde yo decía que era hedionda era porque siempre me ponía perfume... y es porque es verdad, soy enferma de hedionda"). El otro personaje era el director de la obra, Alejandro Castillo, que usted debe ubicar por su alcance televisivo como el Tambito. Conocedor de la obra de Heiremans, hacía una versión de Moscas Sobre el Mármol en una vieja iglesia del sector de Independencia.

En la entrevista seguí la pauta de preguntas lo más apegado a la regla, pues cuando ya hay dos entrevistados se tiende a hablar mucho. Tambito respondió con amargura, desgana y antipatía, como un real energúmeno, a cada una de mis consultas, poniendo por encima de todo su soberbia intelectual y desnudando al mismo tiempo que no quería estar en ese lugar respondiendo preguntas que le parecían ramplonas.

A la tercera respuesta huevona, la que claramente intentaba provocarme ("no digas burguesía, porque en rigor no es burguesía, eso es otra cosa... este es el proceso de un grupo de inmigrantes adinerados que no reúnen las condiciones que define la palabra burguesía"), le expliqué caballerosamente que la idea del espacio era conocer las motivaciones que tenían los directores para tales o cuáles obras. Él, sacando a relucir ya a esas alturas una imbecilidad evidente, dijo: "no me importa el público, esto lo hago para mí".

Entonces, Gloria, que se había mantenido silenciosa e intentaba parecer simpática, no pudo actuar más. Entiéndanme, la mejor actriz chilena viva se vio tan incómoda que su rostro se desarmó como una cajonera de mimbre en medio del sismo del 27 de febrero. Intentó componer la situación diciendo con suavidad a Tambito: "lo que él te quiere preguntar no es la definición de burguesía, te está preguntando otra cosa".

"No si yo estoy diciendo nada más", dijo el tarado.

A esas alturas, por dentro, yo me salía de madre, pasaba por encima de la ganadora de la Copa Volpi a mejor actriz por La Luna en el Espejo y me dieron ganas de ponerle un par de combos en el hocico. Me pasa poco, soy más bien paciente.

Miro a Gloria, incómoda, avergonzada, lateada.

De pronto la conversa se acaba y yo, que cada tarde me largaba porque tenía que hacer con mis obligaciones académicas, me pongo las de clavo y parto no más. Sin que importe. Sin drama. Pega es pega. También pensaba que debía haber reaccionado, que nada me costaba mandarlo un rato a la chucha y que se las arreglaran.

A otra cosa, dije.

Nunca supe si la conversación se editó al aire. No me interesaba saber.

Hace dos días, a eso de las 4 y media de la tarde, Jani y yo estábamos, como sabrá, en el estudio de ADN conduciendo nuestro programa. De pronto, abre la puerta de nuestro locutorio Gloria Münchmeyer. Me ve, yo le digo "Hola, Gloria, qué gusto", y me abraza, muy apretado.

Al separase de mí, me dice: "Yo ya no le hablo a ese huevón". Me costó captar a qué se refería. La miro perplejo. Hago el viaje hacia atrás. "Es un pelota", me dice. Sí, por supuesto, se refería a él. "También peleamos por otras cosas", me aclara, "pero ya no le hablo, quería que lo supieras".

¿Era una disculpa? ¿Un sentimiento de lástima por este cronista que entre paciente y ahuevonado no dijo nada en su momento?

No importaba, así que simplemente la abracé de vuelta y le di las gracias.

jueves, 2 de julio de 2009

10 canciones que me recuerdan a mi padre

jueves, 2 de julio de 2009
Esto estuve por hacerlo cuando correspondía, es decir, en el día del idem, pero no fue posible por mis diferentes obligaciones en el magíster. Estaba por retomarlo y se murió Michael Jackson. Adivinen a cuál fue uno de los expertos en Michael Jackson que llamaron a opinar a la tele... precisamente. Bueno, como el tema me quedó dando vuelta y volví a escuchar un montón de buenos temas y otros no tanto (la verdad mi padre no tenía tan tan buen gusto pero escuchaba harta música). Sé que tendría que estar haciendo una columna para nuevas tecnologías y estudiando para OP que ya me saqué un 1, pero qué diablos... nada es tan importante.

Creo que tengo la fortuna de decir que hay un puente emotivo que me ayuda a recordarlo después de más de dos décadas. Sirve. Qué útiles son las canciones. Ahí va.

1. JAMES LAST / The lonely sheperd (cuando Tarantino la usó en KILL BILL me dije... el que sabe, sabe)

2. THE SHADOWS / See you in my drums (me gustaba tanto cuando chico, que fue mi primer vinilo, un 45 rpm que traía "Sonambulism" en la cara "B").

3. EAGLES / New kid in town (estaba de moda entonces... nada especial, solo lo veo a él cuando la recuerdo)

4. PAUL MC CARTNEY / Uncle Albert/Admiral Halsey (Podría asegurar que este tema se lo vacilaba entero... le encantaba la sensación de la lluvia y la tormenta, el sonido del teléfono, la voz al fondo hablando, el silbido imitando los pájaros... ahí una vez me explicó todo lo que la canción contenía. No se me olvidó jamás)

5. CARPENTERS / We've only just begun (Lo bueno es que podrían ser decenas de canciones de los Carpenters. Acá selecciono esa porque me acuerdo con la atención que él escuchaba cantar a Karen Carpenter. "Cómo canta la niña", decía)

6. NEIL DIAMOND / Sweet Caroline (ok, no era de mi gusto, pero tenía varios discos, y podría decirse que era uno de sus favoritos, pero podría poner 20 temas de Diamond, 30 de Ray Coniff y otros 50 de James Last)

7. YVONNE ELLIMAN /I don't know how to love him (de la película freak ópera rock de Jewison, Jesus Christ Superstar. Veo la cara de mi padre feliz cuando le trajeron el vinilo prensado en Alemania. Juarba que sonaba mejor que la edición latina... mi padre era chileno, obvio. Y sí, la versión de Helen Reddy fue más famosa)

8. B.J. THOMAS / Raindrops keep fallin' on my head (Casi puedo estar seguro de que esta versión es la que él escuchaba... no sé... ha pasado mucho tiempo)

9. DONNA SUMMER /Love to love you baby (No puedo parar de reír recordando cuando intentaban explicarme de chico que ella no se quejaba de placer sino que se moría de pena)

10. BARRY WHITE /Love's theme (esta representa toda la tracalada de temas instrumentales y orquestados que le gustaban una brutalidad. Nunca lo entendí mucho... desde Paul Muriat hasta Werner Muller... en fin, aguante viejo, ahí no le achuntabas mucho la verdad)

jueves, 16 de abril de 2009

A los 5, a los 15, a los 50

jueves, 16 de abril de 2009

Esta es una historia personal que comienza a partir de una cadena que se esparce por mail. Jamás abro esas cadenas, pero mucha gente reenvía y reeenvía poemas, power points, chistes, situaciones, escritos falsos de García Márquez, fotos raras, denuncias sin respaldo, fechas del fin del mundo y muchas basuras más. Si el encabezado de un mail tiene las letras “FWD”, tiendo a desconfiar de inmediato.

Y sí, además de todo, esta historia tiene que ver con la memoria, la desconfianza, y las malas personas. En ella, yo también soy una mala persona. Me presento como un tipo que no olvida, que se resiente, que vio cosas que no le gustaron, pero que sirven además para la impronta moral. Lo que queda claro en el fin es que, para mí, eres quien eres a los 5, a los 15 y a los 50.

Con todo, no condenaré jamás a quien juzgue que me porté como un idiota, un egoísta, un resentido, o qué más. Simplemente es esta la confirmación de que en el final tengo tranquilidad con cómo soy por la vida, con aciertos y desaciertos. Feliz de serlo. Feliz.

¿Es algo importante? Llevo tres párrafos y me da risa porque probablemente no es algo tan importante. Pero también estoy convencido de que los detalles te delatan. Lo que hagas en pequeño, lo harás después con algo grande.

El mail en cuestión tenía un nombre: Millaray. Me suena, digo. Espera. Mi colegio. Veo el resto de los mails a los cuales Millaray escribió. Sí, indudablemente es otro de esos odiosos mails del colegio, con la misma gente. Ahí, en esa generación, ocurre, como en todo, que hay un grupito que siguió viéndose, que crió lazos, que siguen en contacto, y otros que se fueron.

Yo nunca dejé amigos en mi generación del colegio.

Millaray trabaja vendiendo teléfonos. Me la encontré un día en uno de esos módulos de un mall, y creo que conversamos afablemente. Se veía muy bien. Recuerdo que nunca nos tuvimos mala.

El power que venía en este mail hablaba de ladrones, pero, como dije antes, no lo abrí. Lo borré.

Un par de horas más tarde llegó un mail que respondió a todos los que estábamos aludidos, aunque se dirigía en particular a Millaray. Esa respuesta era de Boris. Y Boris era un tipo más bien cauto, timidón, buena persona, buen sentido de humor, bajo perfil.

Sus palabras fueron sorprendentes y creo que tenían mucho que ver con asuntos que quedan guardados en la impunidad y la incapacidad generacional que muchos de nosotros portamos al preferir quedarnos en silencio, por miedo, por giles, por ahuevonados.

Boris le decía a Millaray que no leía cadenas pero que aprovechaba de decir, respecto de los robos (y ahí me quedo corto porque el tema del mail, tal cual dije antes, no lo supe) que uno de nuestros compañeros, que está aludido en la lista de mails, le había robado no sé que año una medalla que le habían traído de Canadá y que significaba mucho para él. Este aludido, de nombre de pila Janshe, no solo robó esa medallita según Boris, sino que la usó días después, en una actitud muy cara de raja, pero también muy pendeja. Boris le alcanzó a preguntar de dónde la había sacado, pero Janshe dijo que no le diría, que era un secreto. Y así Boris cooperó con la medallita.

La estatura de este relato, aludido a la gran mayoría de mis compañeros de colegio en este curioso mail que había comenzado con una cadena, alcanzaba ya ribetes por lo menos interesantes. Una pendejada, qué duda cabe, pero el sabor de la impunidad me hizo sentir un apego hacia Boris. Él no fue lo suficientemente fuerte como para llevar esto al final. A medio camino, por la razón que sea, cuando te quedas solo, ya no luchas más, pero a la larga te pesa el doble. El triple. Y luego el olvido, y luego, las tareas inconclusas.

¿Un detalle pequeño? ¿Más bien una pequeñez? Probablemente. Pero, al imprimirle un toque sutil de empatía, era como para, al menos no olvidarlo con el paso de los años. Boris no lo olvidó.

Y entonces, recordé lo que me había pasado a mí.

Andrei era un tipo líder, un payaso, un pelusón. Dibujaba bien además. Como compañeros le pedí una vez que me hiciera la caricatura del director de media de mi colegio para lanzarlo en la revista clandestina que teníamos en ese momento. Su falta de carácter y su miedo lo hicieron colapsar y me llevó a mí a la dirección, como autor de esa revista clandestina que de político tenía nada, pero que pelaba a los profesores frontalmente. Podían echarme del colegio. No lo culpo, alguien lo apretó y era un pendejo. Lo perdoné, a pesar de que estuve a poco de que me echaran del colegio, justo al terminar cuarto medio.

En esos tránsitos, Andrei, en mi casa una vez, me pidió prestada una guitarra de palo que yo tenía. Yo me sabía con cueva tres o cuatro acordes. Él, ya entonces, tocaba canciones de Silvio. Me la pidió prestada. Yo no me pude negar, además el tipo tocaba tan bien.

Jamás me la devolvió. Se la pedí varias veces, me prometió ir a dejarla, pero entendí pronto que todo tenía que ver con cómo era, con lo grupiento que era, con lo embaucador que se portaba, con amigos, con minas y con profes. Era esencialmente, un mentirosillo.

El mail de Boris está enfrente mío. Y por primera vez en mucho tiempo decido hablarle a un compañero de colegio por esta vía. No respondí al resto de la lista. Y le conté la historia que acabo relatar con Andrei, señalando además que me sentía completamente interpretado por sus palabras, en el sentido de que a mí no se me olvidaba.

Oprimo send.

Una hora más tarde, esta vez aludiendo a todos los de lista de compañeros de colegios, adivinen quién reaccionó: Andrei. En un tono cruel, típico de su estilo, con un sentido de burla y descalificación en cada palabra, se pasó por la raja los argumentos ahora penosos de Boris, y le recomendó que se fuera a terapia por resentido, por no saber entender que había cosas más importantes. Ironizó sobre que si tenía pruebas en contra de Janshe, lo correcto era denunciar a la autoridad pertinente y que había en nuestra generación abogados que le podían echar una mano. Presa de una soberbia brutal, le recomendó leer a Cortázar. Más adelante cerró filas como un masón y le pidió explícitamente que no se metiera en la buena onda de la generación del colegio, que se relajara, que no era importante.

Yo, entiéndame por favor, no pude aguantar cagarme de la risa. En cada intersticio de la mente del ser humano, en cada palabra, y desde tanto tiempo antes, seguimos siendo exactamente los mismos. Lo reitero: a los 5, a a los 15, a los 50. Lo que haces en pequeño… en fin. La mirada de la nostalgia se hace cada vez más lejana cuando quieres dejar atrás cosas que no te convienen. Pero ese acto, no es algo conciente. Se nota cada cierto tiempo, cuando muestras la hilacha. Porque una cosa es la falibilidad humana. Otra muy distinta es la lucidez de las malas intenciones.

El mejor chiste hubiera sido responder a todos los remitentes con la declaración: “Oye maricón, devuélveme la guitarra”. Pero como dice un amigo mío: “Eso no se hace”.

Le escribí a Boris otra vez: “mira qué casualidad quién respondió a tu demanda”.

Pero Boris no habló más. No me respondió ni respondió al grupo.

¿Qué habré hecho yo en esos años, que ya olvidé, que ya no me acuerdo? ¿De quién me burlé? ¿A quién dañé si es que lo hice? Podría argumentar: “Es que era un pendejo”. Pero hay algo que me da tranquilidad. A los 5, a los 15, y a los 50 siempre he sabido pedir perdón y ponerme en el lugar de otro.

Que no se me pase.

lunes, 30 de marzo de 2009

¡REGRESA LA CAVERNA! Todos los domingos a las 20, por ROCK & POP

lunes, 30 de marzo de 2009
La primera vez que me tocó conducir el programa "La Caverna", que toma su nombre de The Cavern, el tugurio donde los Beatles hicieron sus primeras armas, estaba emocionado, porque tuve que proponer, aprender, desarrollar, y contar historias que tenían que ver con canciones, con voces, con años, tendencias y novedades. Entrevisté gente (desde los mexicanos Volovan hasta el guitarrista Robin Guthrie), y hasta hubo domingos en la noche en que conduje en vivo.

Dentro de las nuevas posibilidades de mi regreso a la Rock & Pop, propuse como cosa mía volver a hacer "La Caverna". La idea es la misma. Domingo por la noche, dos horas, muchas canciones, muchos intérpretes, novedades. En fin.

Desde que se cerró por allá por el 2004, en el programa vislumbrábamos cambios por la era digital, pero no creíamos que en menos de 5 años caería la industria del disco de la manera en que lo entendemos hoy. Hay más disponibilidad de música, de miles de músicas. Y el acceso a la información es más expedito y preciso si se busca bien. Es cuestión de esfuerzo y un mínimo de metodología.

Por lo tanto, el programa no variará mucho y será un ejercicio personal de recomendaciones para el que quiera escuchar, donde dejaremos caer la mayor cantidad de estilos, en el sentido que entendamos que la música transita por un muy buen momento y lo mejor que puede sucedernos al respecto es que podemos recomendarla una y otra vez, lo nuevo y lo viejo.

Pienso inaugurar un espacio en Facebook, como corresponde al ritmo de los tiempos, haremos una casilla de mail, y le pondremos énfasis a los comentarios de quienes quieran reunirse en la calma de una noche de domingo para poder descubrir y reencontrar.

En esta edición, la del regreso, harto Sonic Youth, Radiohead, Beatles, lo nuevo de PJ Harvey con John Parish, Calexico, y unas locas francesas haciendo rockanroll y agogo.

Según entiendo será cada domingo a partir de las 20 horas en Rock & Pop. Todos invitados.

miércoles, 25 de marzo de 2009

MI REGRESO A ROCK & POP

miércoles, 25 de marzo de 2009
Todavía recuerdo claramente mi salida de Rock & Pop en el 2006, luego de haber estado 8 años y haber hecho de todo: entrevistas, guiones, programas, cortar bases, cubrir eventos, animar, pelar, alturar dat's, reemplazar al Rumpy en el Chacotero, controlar, hacer el bailable, programar días enteros, desprogramar, inventar un puñado de raras tocatas pencas, haber echado a puteadas a Redolés, haber sacado casi a patadas a un productor argentino que traía a Dee Dee Ramone, dirigir la radio, entrevistar por teléfono a Robbie Williams cuando yo ya estaba oficialmente despedido... luego de acertar y cagarla una y otra vez, en ese octubre de 2006, yo estuve finalmente en la calle, despedido, indemnizado, con plata en el bolsillo, simplemente porque yo había pedido que me echaran.

En ese instante, cansado, apestado, dolido, desorientado, y con ganas de estar en cualquier otra parte, jamás pensé regresar ni hacerlo tan luego. ¿Por qué te vas de un lugar que es como tu casa? Principalmente porque no estás de acuerdo con lo que piensa el resto de los que están allí contigo. Yo había perdido la brújula, pero también sentía la presión de un puñado de personas que no compartían mi visión del proyecto.

Una vez fuera me prometí no involucrar mi vida tanto en algo laboral, tanto como para entregar más de lo que te pagan. Pero si te topas de vuelta, es como que corrieran las mismas reglas.

El acercamiento había sido posible desde hace algún tiempo, casi más por mi propia iniciativa que por otro motivo. En el proyecto actual, la Rock & Pop está al mando de Sergio Cancino, a quien conocí el 98 en esta radio y que se marchó tempranamente por otro de esos ajustes de personal producto de falta de liquidez (¿dónde más escuché eso?). Pasó por muchos lados, y su gestión ahora no ha sido fácil con el final del Portal, y la partida de varios más.

Yo le tiraba la talla: "Cancino, llévame a la Rocka y hagamos La Caverna de nuevo..."

Me invitaron a la transmisión de la segunda cumbre del rock chileno, que se hizo en conjunto con Radio Uno y compartí transmisión con Sergio Lagos. Desde entonces me parecía todo más natural. Pero sólo hace un par de semanas la invitación formal de regresar a la Rock & Pop llegó. Mucho más en serio de lo que hubiera esperado.

Me percaté entonces de algo tremendo. Mi romance con ADN Radio Chile es a todo dar. Adoro mi radio actual. Adoro mi programa, a mis compañeros de trabajo, a mi compañera Jani. Me han enseñado a trabajar en equipo. Y si en otras ocasiones me he caracterizado por ser un huevón con mucha raja, creo que ahora mucho más aún. En este contexto, en el que no tengo que entrar a explicar muchas cosas, la doble militancia sí es posible. Mi trabajo en ADN seguirá intacto por ahora, con Es lo Que Hay, con la Jani, y con mis intervenciones medio incoherentes sobre comentarios de música con Guillier, Paulsen, la Beatriz Sánchez y Matías del Río, en diferentes horarios.

En Rock & Pop estaré, en esta primera etapa, con programas grabados y con las coberturas en vivo de eventos especiales. Eso primero que todo. Nuestra idea, que no la contaré acá pues ustedes se irán enterando al aire, es ir definiendo las cosas de a poco y mi labor esencial será aportar con el espíritu que mueve a esta radio, que la hace única.

Esta noche nos escuchamos en RADIOHEAD, antes y después del show, donde compartiré conducción con Pablo Aranzáes. Eso es tener raja. Rock & Pop, ahí vamos.